’No estoy seguro de que un dibujo pueda llevar a la paz o a la guerra’

Entrevista hecha en 2010 al caricaturista Tignous, asesinado en el atentado a ’Charlie Hebdo’.

JPEGBernard Verlhac, más conocido como Tignous (‘pequeña polilla’ en occitano), fue uno de los caricaturistas asesinados en el atentado del miércoles pasado al semanario Charlie Hebdo en el que murieron otras once personas. Inició su carrera en 1980 y colaboraba con otros medios, como Marianne, Fluide Glacial y Humanité. Visitó Colombia en febrero de 2010, con ocasión del foro ‘Caricaturistas por la paz’. EL TIEMPO reproduce una entrevista que concedió a la embajada de Francia a su paso por el país.

(Vea acá toda la información sobre el atentado a ’Charlie Hebdo’ en París)

¿Cómo llegó al dibujo?

Desde que era muy pequeño me gustaba dibujar y, como todos los niños, fue el primer medio de expresión que utilicé. El dibujo es el primer medio de intercambio con el prójimo. Al contrario de muchas personas que lo dejan para concentrarse en otras formas de expresión, yo continué.

¿Recuerda su primer dibujo publicado?

Sí, fue para CGT. Mi padre trabajaba en las noches con cheques postales. Estaban en medio de una huelga para evitar la destrucción del servicio público, una lucha que es todavía vigente, y querían un afiche.

¿Es decir que, desde sus comienzos, el dibujo ha estado ligado a un cierto compromiso político?

No, no a un compromiso político. Ese primer dibujo no era muy comprometido políticamente; yo debía tener unos 13 años. Entonces tenía el compromiso político de un niño de esa edad; o sea, ninguno. Sin embargo, muy rápido comprendí que era un medio para transmitir un mensaje. Dibujaba a mis profesores y me daba cuenta de que eso tenía un efecto en los otros alumnos. Eso me gustaba, aunque frecuentemente tenía también un efecto en los profesores, porque les llegaban a las manos.

Para usted, ¿qué es un buen dibujo?

Un buen dibujo se presta para reír. Cuando está verdaderamente bueno, se presta para pensar. Si se presta para hacer reír y pensar, entonces es un excelente dibujo. Pero el mejor dibujo se presta para reír, pensar y provoca una cierta forma de vergüenza. El lector experimenta vergüenza de haberse podido reír de una situación grave. Ese dibujo es entonces magnífico porque ese es el que perdura. Pero esos son raros, porque es muy difícil obtener los tres al mismo tiempo.

JPEG - 90.7 KB
Sus dibujos, a veces mordaces, casi siempre muy divertidos, ilustraban una prensa con la que Tignous se sentía comprometido.

¿Cuál es la naturaleza de su compromiso con ‘Caricaturistas por la paz’?

Hasta ahora solo hacía parte de un modo un poco aficionado, pero pienso que voy a involucrarme más cercanamente, pues me parece un lindo proyecto. Estaba más bien reticente porque no estoy muy seguro de que un dibujo pueda llevar a la paz, ni a la guerra. Me encantaría pensar que cada vez que hago un dibujo evito un secuestro, impido un asesinato o retiro una mina antipersonal. ¡Qué dicha sería! Si tuviera ese poder, no volvería a dormir y haría dibujos sin detenerme. Desafortunadamente, todavía nadie ha venido a decirme que uno solo de mis dibujos ha salvado a alguien. Sin embargo, hago dibujos contra el secuestro, las minas antipersonales, las guerras, las multinacionales que explotan el planeta. Por ahora, las multinacionales están felices y las guerras continúan... Sin embargo, ‘Caricaturistas por la paz’ es un movimiento interesante porque reagrupa todas las corrientes de pensamiento y crea una verdadera dinámica. ¿Cuáles son sus límites en materia de libertad de tono? ¿Se autocensura?

Mi autocensura corresponde a la educación que recibí, la que yo mismo me hice. Si un dibujo va a toparse con eso que soy, no lo hago. Si encuentro que no reniego de mí mismo al hacerlo, nada me detiene.

¿Ni siquiera un jefe de redacción?

Ah, sí, por supuesto. Si el editor me dice que mi dibujo está bien, pero que corre el riesgo de suscitar muchas reacciones, se guarda para el número de fin de año. De todos modos, un dibujo no se pierde jamás porque no se publique en el periódico; aparecerá luego en la selección anual, en un libro o en una exposición. No tengo dibujos que hayan sido ‘desechados’, aparte, por supuesto, de los que son malos. En ese caso no es censura, es simplemente que mi dibujo fracasó; se va a la basura y no se habla más.

¿Se ha tenido que enfrentar con la angustia de la página en blanco?

A toda hora. A veces se tiene una idea fulgurante, que surge en tres segundos y es formidable, pero desde que uno comienza a reflexionar es complicado porque debemos ser responsables. Es la misma problemática para un escritor, un cantante o un pintor. La palabra implica una responsabilidad frente a uno mismo, a los otros… y a la justicia. Por el momento no he perdido sino un solo proceso de la cincuentena que me han hecho: me inventé un nombre de una empresa que ya existía. El patrón de esa pequeña empresa no era responsable verdaderamente de nada y finalmente arreglamos la discrepancia amistosamente con una pequeña excusa. Fue un error que no volveré a cometer. Ahora pongo el nombre de una empresa ilegible o pongo el verdadero nombre de la empresa y así estoy protegido.

Volviendo a la angustia de la página en blanco, hay que reconocer que desaparece mucho con el plazo de entrega que queda para hacer el dibujo. Cuando en Marianne o en Charlie Hebdo el mensajero espera en el pasillo por tu dibujo, la angustia de la página en blanco de golpe desaparece completamente.

¿Por qué aceptó venir a Colombia a participar en este foro sobre la libertad de opinión?

Venir a un país en estas condiciones es una oportunidad extraordinaria. Tuve la suerte de contar con todo el conocimiento que tienen del país los franceses que viven y trabajan aquí y que disponen de informaciones que yo no tengo. Si no hubiera sido así, eso habría representado un trabajo enorme: me habría tenido que informar solo o hacer una investigación ya en el lugar.

¿Qué va a hacer con todas esas informaciones y con los dibujos que ha hecho en Colombia?

Con todo lo que he hecho aquí, creo que puedo hacer en realidad lo que quiero. Es muy abierto. Pienso que en un primer momento haré algo para Charlie Hebdo con mis textos y mis dibujos. Me encantaría también hacer un pequeño libro. Pero tendré que ver con más calma lo que tengo a mi disposición, además de mis dibujos.

¿Es la primera vez que viene a Colombia?

Sí, la primera vez.

Después de este viaje, ¿su opinión sobre Colombia ha cambiado?

Mi opinión sobre Colombia no ha cambiado. Estaba convencido de que había personas muy cultas e interesantes y no estoy sorprendido. Se puede reprochar a los periodistas por hablar solamente de lo negativo en el país. Pero nos hemos encontrado, por ejemplo, con un famoso arquitecto colombiano, Giancarlo Mazzanti, que hizo un trabajo destacado en Medellín, con un proyecto de biblioteca sobre las laderas de la montaña que sobresalen en la ciudad. Este hombre es muy reconocido en Francia, hizo la portada de la revista más importante de arquitectura francesa y será premiado en París por su arquitectura ecológica. Son las personas como él quienes dan un aura positiva a Colombia.

Pero no es culpa de los periodistas si hay secuestros, mediatizados o no; si Pablo Escobar ha marcado las mentalidades durante tantos años. En la mente de todo el mundo, esas son desafortunadamente las imágenes que permanecen.

¿Se ha sorprendido de ver tantos caricaturistas con tal libertad de tono o estilo?

Sí. La caricatura africana, por ejemplo, es todavía balbuceante. Aquí es verdaderamente un trabajo profesional. En África, los dibujos se parecen, están muy cercanos al dibujo americano o inglés, no hay una gran diversidad en el grafismo. En Colombia, en cambio, es como en Europa; hay tantos dibujantes como estilos diferentes. Algunos caricaturistas están muy atados al símbolo y no hacen dibujos muy controversiales. Por el contrario, algunos son más editorialistas, menos ilustradores y por ende más controversiales. Uno se da cuenta de que esta cultura de la caricatura tiene una verdadera historia.

¿Con qué impresión se queda de Colombia?

Una impresión que todo el mundo nos ha confirmado: Colombia es un país alegre. Es la sensación que he tenido. Los colombianos tendrían muchas razones para estar deprimidos y, a pesar de todo, son felices. Hay tantos problemas, tantos problemas de dinero alrededor de la droga, tanta desigualdad que el camino parece complicado. Pero como soy optimista, me digo que es posible.

*Cortesía de la embajada de Francia en Colombia. Entrevista realizada por Adrien Majourel.

ElTiempo.com

publié le 16/01/2015

haut de la page