- La comida gastronómica francesa declarada Patrimonio Humanidad

JPEGLos expertos de la UNESCO han considerado que la comida gastronómica francesa, con todos sus rituales y presentación, cumple las condiciones para formar parte de la prestigiosa Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Por primera vez, se concede esta categoría a la gastronomía de un país. Se trata sin duda de «un reconocimiento sin precedente».

Es un hecho. Los expertos de un comité intergubernamental de la UNESCO reunidos en Nairobi (Kenia) han reaccionado favorablemente a la petición de Francia. La gastronomía francesa se ha inscrito en el Patrimonio Mundial de la Humanidad junto con el sistema gremial francés y el encaje de aguja de Alenzón, otras candidaturas presentadas desde París. La embajadora de Francia en la UNESCO, Catherine Colonna, ha manifestado su satisfacción por esta decisión, que «fomenta la diversidad cultural».

El comité ha evaluado 51 candidaturas durante esta sesión, desde las cruces de piedra de Armenia hasta las fiestas de Giong en los templos de Phu Dong y Soc en Vietnam, sin olvidar el flamenco español, la acupuntura china y el arte de los tapices de Azerbaiyán.

En 2008, con ocasión de la visita al Salón de la Agricultura de París, el presidente de la República Nicolas Sarkozy declaró su intención de presentar un informe a la UNESCO con la intención de inscribir la gastronomía francesa en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Además, la candidatura ha contado con el respaldo del Ministerio de Agricultura francés y de numerosos cocineros y gastrónomos, quienes afirman que «la cocina es cultura».

Se trata de la primera vez que la UNESCO admite la inscripción de un patrimonio asociado a la gastronomía en su amplia lista. Desde la firma de la convención de 1972, la UNESCO destaca los lugares y monumentos más hermosos del mundo que presenten alguna excepcionalidad. Sin embargo, la organización también aboga, según los términos establecidos en una convención firmada en 2003, por la protección del patrimonio inmaterial de la Humanidad Actualmente, esta convención está ratificada por 132 países y su objetivo es proteger la cultura y las tradiciones populares. Hay inscritos 178 hábitos culturales y conocimientos tradicionales en el Patrimonio Universal Inmaterial de la Humanidad. «Son prácticas, representaciones, expresiones, conocimientos y sabiduría […] que se transmiten de generación en generación entre comunidades […], a las que proporciona un sentimiento de identidad y de continuidad, y contribuyen a promover el respeto, la diversidad cultural y la creatividad humana».

Los miembros del comité han señalado que la comida en Francia es «una práctica social consuetudinaria que tiene por objeto celebrar los momentos más importantes de la vida de los individuos y de los grupos, tales como nacimientos, bodas, cumpleaños, logros y encuentros sociales». Por ello, este hábito refuerza la identidad colectiva y fomenta la diversidad cultural del mundo. Se ha destacado el hecho de sentirse bien cuando se juntan las personas, la práctica del arte del gusto y la armonía entre el ser humano y los productos de la naturaleza. «A los franceses les encanta reunirse, beber y comer bien, y celebrar los buenos momentos de esta manera. Forma parte de nuestras tradiciones y es una tradición muy viva», declaró en la sesión Catherine Colonna.

Por tanto, se ha hecho hincapié en la relación entre la comida y la identidad cultural francesa en todos sus aspectos: la compra de buenos productos, preferiblemente locales, cuyos sabores combinen bien juntos; la selección cuidada de los platos de entre un abanico de recetas que no cesa de enriquecerse; el maridaje entre platos y vinos; la presentación en la mesa y la conversación. La comida gastronómica debe seguir unas líneas muy particulares: comienza con un aperitivo y termina con un digestivo, y entre ambos debe haber al menos cuatro platos: un entrante, pescado y/o carne, queso y postre.

La comida forma parte de la identidad de los franceses, ya sean normandos, provenzales, borgoñoneses o alsacianos. «Por otro lado, la gastronomía francesa se abre a otras influencias, extremadamente variadas, que dejan paso a nuevos sabores. Es un concepto de apertura que hay que tener en cuenta, acorde con la realidad actual», afirma Hubert de Canson, delegado permanente adjunto de Francia en la UNESCO.

Asimismo, la UNESCO ha reconocido el riesgo de un abuso comercial de la denominación UNESCO. «Francia se toma muy en serio la aplicación del fondo y la forma de la convención sobre el Patrimonio Inmaterial», ha destacado Catherine Colonna. La inscripción conlleva la aplicación de medidas concretas para garantizar la conservación de la comida gastronómica francesa, especialmente como complemento educativo en los colegios. Hubert de Canson opina que «la educación en este ámbito es fundamental para concienciar a los jóvenes sobre la cultura del gusto y transmitir a las generaciones futuras el arte de la mesa. Asimismo, hay que fomentar la vocación universitaria y pedagógica».

Annik Bianchini

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Página web:
www.unesco.org : site de l’Unesco

publié le 30/11/2010

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