Francia y la construcción europea

Desde 1945, la construcción de Europa ocupa un lugar primordial en el seno de la política exterior francesa. Son tres las consideraciones que han convertido este designio en una prioridad: la voluntad de acabar definitivamente con los conflictos que, en el plazo de treinta años, desgarraron el continente y debilitaron a Francia; la necesidad, dentro del contexto de la guerra fría, de afianzar la estabilidad y de garantizar la seguridad de los Estados democráticos situados al oeste del telón de acero; y por último, la voluntad de construir un espacio económico homogéneo, adaptado a las condiciones modernas de producción y que garantice la prosperidad de los pueblos europeos.

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CECA, 1951

Dos franceses, artífices del proyecto de construcción europea, Robert Schuman y Jean Monet, estaban convencidos de la necesidad de reunir en el seno de una misma organización a las naciones del continente. Apostaron por establecer entre esos Estados una asociación económica de cara a fomentar una aproximación política. Así, el 18 de abril de 1951, se constituyó la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), cuyas instituciones servirían de modelo al desarrollo de la construcción europea. El 25 de marzo de 1957, los seis Estados miembros de la CECA, Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos, firmaron el Tratado de Roma que instituyó la Comunidad Económica Europea (CEE). De esta manera, esos seis países de comprometían a ligar su destino económico aboliendo entre ellos toda barrera aduanera y organizado una Política Agrícola Común (PAC).

Al acceder a la presidencia de la República en 1958, el General De Gaulle afirmó su voluntad de seguir avanzando en la misma dirección. Así, en las tres décadas posteriores a la firma del Tratado de Roma, Francia participó activamente en los regulares progresos de la construcción de Europa. Tras la unión aduanera, el 1 de enero de 1973, bajo Georges Pompidou, se procede a una primera ampliación de la Comunidad a tres nuevos miembros: el Reino Unido, Dinamarca e Irlanda. La década de los setenta se caracterizó por importantes reformas políticas, la creación del Consejo Europeo (que reúne a los jefes de Estado y de Gobierno) y la elección de los miembros del Parlamento europeo por sufragio universal así como por la elaboración del Sistema Monetario Europeo (SME), por iniciativa del presidente Valéry Giscard d’Estaing y del canciller alemán Helmut Schmidt. Pronto, la voluntad de ayudar a los regímenes democráticos del sur de Europa impulsó una nueva ampliación: Grecia ingresó en la Comunidad en 1981 y España y Portugal en 1986. Finalmente, gracias al espaldarazo de François Mitterrand, Helmut Kohl y Jacques Delors, presidente de la Comisión, el Acta Única es aprobada en febrero de 1986 con el objetivo de crear un verdadero gran mercado europeo que garantice la libre circulación de personas, mercancías y capitales, así como la libre prestación de servicios en el territorio de la Comunidad. Desde 1993, se puede afirmar que lo más esencial ya es una realidad.

Para una información más detallada, consultar el dossier especial sobre Europa del Ministerio de Asuntos Exteriores.

publié le 25/10/2011

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