Francia y la Europa del Espacio

El control de las actividades espaciales ha constituido siempre una apuesta estratégica. Pero, aproximadamente 45 años después de los primeros pasos de la conquista espacial, esta apuesta ha modificado su naturaleza: una rivalidad de carácter cada vez más económico, sobre todo entre Estados Unidos y Europa ha sustituido a la confrontación ideológica Este-Oeste. Pese a la disparidad de los medios, los países europeos, y Francia en primera línea, disponen de bazas importantes para explotar plenamente el potencial que ofrecen las aplicaciones en el ámbito del espacio.

Las actividades espaciales en el mundo

El desarrollo de las aplicaciones espaciales no supone que el mercado se haga cargo de la financiación. Es importante recalcar que las actividades mundiales en el campo espacial dependen siempre, en gran medida, de los recursos públicos. En 1998, los gastos espaciales públicos, civiles y militares, en todo el mundo ascendieron a 34.500 millones de dólares. En las mismas fechas, el volumen de negocios vinculado con la compra de satélites y de servicios de lanzamiento por parte de los operadores comerciales, concentrado esencialmente en los satélites de telecomunicaciones y de teledifusión, representó en torno a 5.500 millones de dólares, es decir, menos del 16 % de la inversión pública.

Por otra parte, tras la desaparición de la Unión Soviética la actividad espacial mundial se ha desarrollado sobre todo en Occidente: Estados Unidos y el conjunto de los países europeos atienden a más del 90 por ciento de los gastos espaciales públicos que se realizan en el mundo y tienen las mayores industrias del sector. Las inversiones espaciales rusas se han hundido hasta el punto de no representar más que el dos por ciento del gasto mundial, y el programa espacial de Rusia se basa ahora, en gran medida, en colaboraciones con los estadounidenses y los europeos en materia de vuelos tripulados y de servicios de lanzamiento. En cuanto a Japón, con el cinco por ciento de las inversiones públicas mundiales, dispone de medios que le permiten llevar a cabo un programa espacial autónomo. Otros países, como la India o China, dedican presupuestos siempre crecientes a sus actividades espaciales, y están llamados a convertirse en el futuro en protagonistas del sector.

Con este panorama mundial en materia espacial es inevitable constatar el predominio financiero de Estados Unidos. Con un presupuesto anual de en torno a 26.000 millones de dólares, repartido de forma casi equivalente entre actividades civiles y militares, Estados Unidos se hace cargo de alrededor de las tres cuartas partes de los gastos públicos mundiales e invierte entre cinco y seis veces más que el conjunto de los países europeos. El volumen de negocios de la industria espacial estadounidense, que se beneficia de un mercado institucional cautivo que representa el 85 por ciento de su actividad, asciende a 34.000 millones de dólares, seis veces superior, aproximadamente, al de su homóloga europea. Esta supremacía financiera se plasma en su presencia en todos los ámbitos de utilización del espacio y en sus conocimientos técnicos en el campo de las infraestructuras estratégicas, como el GPS (Global positioning system) o los satélites militares de observación, pero también en su capacidad de emprender y dirigir ambiciosos programas de dimensiones mundiales, como el de la estación espacial internacional o el programa de exploración de Marte.

La Europa espacial, hoy

Los países Europeos implicados en actividades espaciales tendieron muy pronto a unirse para poner en práctica programas de gran amplitud y para promover la aparición de una industria espacial fuerte, capaz de hacer realidad la ambición europea de ser autónoma. Esta cooperación, que se plasma desde hace aproximadamente 30 años en la Agencia Espacial Europea (European space agency, ESA), se ha traducido en logros en conjunto incontestables.

Un protagonista mundial de primera fila

Con la familia de lanzaderas Ariane, Europa dispone de un acceso independiente al espacio y ha conquistado más de la mitad del mercado mundial de lanzamientos comerciales. Ha sabido dotarse, asimismo, de los medios necesarios para la explotación de la lanzadera, creando una envidiable base de lanzamiento en Kourou (Guayana Francesa).

Por otra parte, las numerosísimas misiones científicas de primera línea mundial que se han llevado a cabo en el seno de la ESA o por parte de los países que la componen, reflejan la excelencia de los equipos científicos europeos. Aunque Europa no dispone de un medio de transporte espacial tripulado autónomo, tiene un cuerpo de astronautas experimentados y participa en la aventura de la estación espacial internacional. Las aplicaciones, la meteorología y las telecomunicaciones son asimismo sectores en los que Europa desempeña un papel destacado en la escena mundial. Esta situación es el resultado del esfuerzo constante de los Estados europeos que, desde hace varias décadas, invierten de manera regular en el sector espacial y que, en la actualidad, dedican en torno a 4.000 millones de euros anuales en actividades espaciales civiles. Esta cifra es tres veces inferior a la correspondiente en Estados Unidos, pero la cifra americana se ve afectada por el coste de los vuelos tripulados.

La industria espacial europea tiene en la actualidad una cifra de negocios de unos 6.000 millones de euros y emplea a alrededor de 40.000 personas. Al contrario que sus competidores americanos, los industriales europeos no disponen de un mercado institucional protegido y sus encargos se reparten casi a partes iguales entre el sector público y el comercial. Este inconveniente obliga a obtener unos resultados de alto nivel. Los obtenidos en 2000, cuando Europa aventajó primera vez a Estados Unidos en el terreno de los encargos de satélites, son, pues, muy significativos, y revelan el excelente nivel alcanzado por la industria espacial europea.

Francia, en el centro de la Europa espacial

Con el 40 por ciento del presupuesto espacial, civil y militar, europeo (1.900 millones de euros), la mayor contribución al presupuesto de la ESA (el 29 %), por delante de Alemania e Italia, la inversión más importante en temas militares relacionados con el espacio (450 millones de euros) y el mayor número de empleos «espaciales» en su territorio (unos 13.000), Francia constituye, de forma incontestable, la punta de lanza del sector espacial europeo. Históricamente pionera, ha desarrollado desde hace unos 40 años actividades en todos los campos relacionados con la investigación y las aplicaciones espaciales, y ha estado en el origen de numerosos programas espaciales desarrollados en Europa.

Con el Centro Nacional de Estudios Espaciales (CNES, en sus siglas francesas), que es a la vez una agencia y centro técnico, Francia dispone desde 1961 de bazas específicas que refuerzan las de la Europa espacial, como su capacidad de iniciativa y formación, sus competencias en la arquitectura de misiones espaciales innovadoras, su papel ineludible en el campo del transporte espacial y en la gestión de la base de lanzamiento de Kourou o la originalidad de su programa científico, complementario del de la ESA.

Dificultades que hay que superar

Pese a este potencial y a estos logros, la Europa espacial padece algunas debilidades que habrá que corregir para que no corra el riesgo de quedar rezagada. Obedecen, en primer lugar, al hecho de que en la actualidad no exista un esfuerzo en materia espacial comparable al de los estadounidenses. Los esfuerzos europeos, que alcanzan en torno a los 800 millones de euros anuales, están dispersos en un reducido número de países, entre ellos Francia y Gran Bretaña, y su bajo nivel contribuye a limitar las ambiciones de Europa como potencia mundial. Las recientes reestructuraciones industriales, en cambio, constituyen un signo positivo, y permiten apoyar el sector espacial en el gran sector de la aeronáutica y la defensa.

Sin embargo, los puntos de vista a veces diferentes de algunos países o grupos de países sobre la finalidad y los modos de financiación de las actividades espaciales, la divergencia de intereses, acrecentada por las reglas de la adecuada rentabilidad industrial para quince países, la falta de agilidad en los procedimientos y la multiplicidad de participantes representan otras tantas dificultades con las que se encuentra la Europa espacial en un período en el que el propio sector experimenta una profunda evolución, relacionada con las nuevas necesidades de la sociedad.

La evolución del sector espacial

Las actividades espaciales, surgidas en una época propicia para la realización de grandes proyectos tecnológicos, han de adaptarse hoy a una sociedad orientada hacia el progreso de los conocimientos y el papel primordial de la información, caracterizada por una demanda creciente de servicios personalizados, pero asimismo por la concienciación sobre la necesidad de actuar colectivamente para preservar nuestro entorno natural. En este contexto, tres sectores de actividad parecen conformar en la actualidad el auténtico motor del desarrollo del sector espacial.

En primer lugar, y puesto que los satélites son vehículos de transferencia de información, el desarrollo del ámbito espacial está estrechamente ligado al desarrollo de la sociedad de la información. Ahora bien, la televisión y la radiodifusión digitales, la telefonía móvil, los multimedia, Internet, los teleservicios, la navegación y la observación de la Tierra representan mercados enormes, llamados a un crecimiento considerable, para los que los satélites ofrecen ventajas considerables, aunque no constituyan la única respuesta. Se estima, por ejemplo, que el tráfico mundial vinculado a Internet vía satélite, que se triplicó entre 1998 y 1999, se triplicará de nuevo de aquí a 2004, y se multiplicará por diez a finales de la década. Y, a su vez, se calcula que, hacia 2010, el mercado de productos y servicios relacionados con las actividades de navegación por satélite ascenderá a varias decenas de miles de millones de euros.

Por otra parte, observamos cómo se desarrolla en la actualidad una nueva necesidad de servicio público a escala mundial. Se trata de la necesidad de protección del planeta y del desarrollo sostenible, ámbito en el que los satélites están llamados a desempeñar un papel fundamental. Ya se trate de la evolución del clima, de la previsión de riesgos naturales, de la vigilancia de la contaminación industrial o de la gestión del agua, el satélite ofrece un medio único de observación frecuente, siempre disponible y que abarca todas las escalas de espacio y de tiempo.

Por último, la sed de conocimientos de nuestra sociedad, favorecida por la disponibilidad inmediata de la información, y la caída de las grandes barreras ideológicas contribuyen a que se emprendan grandes empresas científicas a escala mundial. El ámbito del espacio, independiente de los condicionamientos terrestres y con vocación de responder a preguntas fundamentales, como el origen de la vida, representa el contexto ideal para la integración de los esfuerzos científicos internacionales. Con este espíritu es como se desarrollan grandes programas, como la estación espacial internacional o la exploración de Marte.

Las actividades de defensa, por su parte, se ven afectadas por todos los grandes campos de aplicación de lo espacial: observación, telecomunicaciones, determinación de la posición, navegación... Deberían ampliarse a Estados Unidos, donde se las considera, más allá de su naturaleza estratégica, un banco de desarrollo tecnológico incomparable.

Es importante advertir que, incluso en los campos más propicios para la comercialización de las actividades espaciales, la satisfacción de numerosas necesidades de interés general exigirá una política espacial pública fuerte y coherente. A través de las demandas públicas que genera, una política de este tipo puede, además, contribuir en gran medida al desarrollo de los mercados comerciales y ofrecer a las industrias una ventaja considerable en la conquista de estos mercados. Estados Unidos aplica ampliamente esta lógica. El GPS constituye un ejemplo concreto de ello.

La evolución de la Europa espacial

Europa debe adaptarse a esta evolución. Ya ha comenzado a hacerlo en el plano institucional, donde ha tomado conciencia de la necesidad de superar el marco de la ESA. La adopción por parte de los ministros europeos del espacio, el 16 de noviembre de 2000, de una estrategia espacial elaborada conjuntamente por la ESA y la Comisión Europea supone, a este respecto, un acontecimiento muy significativo. La Unión Europea, comprometida ahora, junto con la ESA, en la determinación y la aplicación de la política espacial europea, constituye una instancia política capaz de demostrar la voluntad del continente de convertirse en una potencia espacial comparable a Estados Unidos. Esta nueva atribución institucional deberá permitir también abrir un debate, imposible en el seno de la ESA, sobre la contribución del espacio a los aspectos de seguridad y de defensa comunes. Además, ha permitido iniciar un proceso de optimización de los recursos técnicos europeos en materia espacial.

En lo que respecta a los campos de actividad, el transporte espacial y la consolidación de la lanzadera Ariane siguen constituyendo prioridades estratégicas para Europa. Pero para figurar mañana en la escena espacial mundial, Europa ha de tomar posiciones claras en los grandes ámbitos de evolución del sector.

En el sector fundamental del posicionamiento y la localización, resulta indispensable que Europa pueda ser autónoma en relación con la infraestructura del GPS. El programa Galileo, dirigido al establecimiento de una constelación europea de satélites de navegación en 2008, responde a dicho objetivo.

En lo referente a las telecomunicaciones, que seguirán siendo durante mucho tiempo el sector espacial más dinámico, el esfuerzo público debe centrarse en la investigación y la tecnología, para mantener la competitividad de las industrias europeas, pero también en el desarrollo de nuevas aplicaciones, como la telemedicina o la tele-educación.

Europa está bien situada respecto a la protección del medio ambiente y al desarrollo sostenible, con gran número de programas espaciales, nacionales o europeos, de observación de la Tierra. El concepto GMES (Global Monitoring for Environment and Security) permitirá seguir avanzando en este camino. Su objetivo es federar estos esfuerzos, conjugándolos con actividades no espaciales con el fin de disponer de medios para una vigilancia mundial, continuada y duradera del medio ambiente planetario en todos sus niveles, al servicio del conjunto de las políticas sectoriales de la Unión Europea. Se trata de una empresa que supone considerables envites económicos, científicos y humanos.

Por último, para situarse al mismo nivel que Estados Unidos, Europa debe continuar el esfuerzo que ha realizado desde hace decenios en el ámbito científico espacial, un sector de innovación tecnológica y de competitividad industrial y un instrumento incomparable de expansión. En particular, tendrá que estar presente de forma activa en la explotación de la estación espacial internacional a partir de 2004, y a la vez deberá contribuir a sacar partido del espacio europeo de investigación instituido a escala comunitaria.

Una estrategia francesa coherente con el esfuerzo europeo

Francia, motor de la actividad espacial europea, ha definido sus prioridades de forma coherente con la estrategia espacial europea, haciendo hincapié en la creatividad científica y técnica, y en la innovación orientada a las aplicaciones y los servicios.

En primer lugar, Francia, en el centro del programa Ariane, se esfuerza en hacer evolucionar dicho programa, esencial para la autonomía espacial europea, en el sentido de una mejora de su competitividad.

Las actividades espaciales francesas apuestan fuerte asimismo por la dinámica científica. El CNES responde a las expectativas de la comunidad científica desarrollando tecnologías y recursos espaciales innovadores, como una cadena de minisatélites y otra de microsatélites. Por descontado, se privilegia la cooperación en el seno de la ESA, o la cooperación multilateral en Europa. Y más allá de sus fronteras existen perspectivas muy interesantes, no sólo en Estados Unidos, donde Francia está comprometida en el programa de exploración científica de Marte, a partir de 2007, sino también con las otras potencias espaciales y las emergentes.

Además, Francia tiene la ambición de desarrollar las aplicaciones espaciales al servicio de la sociedad, con especial atención en los campos del desarrollo sostenible, la seguridad y la sociedad de la información. Los esfuerzos del CNES en el primer sector se apoyan en programas que contribuyen al estudio y a la protección del medio ambiente y en actuaciones específicas que se precisarán en el marco de la iniciativa GMES. Por otra parte, la voluntad de contribuir de manera activa al desarrollo de la sociedad de la información se plasma en la elaboración de una estrategia sobre comunicaciones espaciales y en los notables esfuerzos desarrollados en favor del programa Galileo. Por último, el CNES trabaja en la aparición de nuevas aplicaciones que utilicen los sistemas espaciales, en colaboración con industrias usuarias de los mismos o prestatarias de servicios potenciales. Por supuesto, todas estas acciones se apoyan en múltiples actuaciones en investigación y tecnología, llevadas a cabo en el plano nacional o el europeo, que constituyen la prueba de una creciente competitividad industrial.

Europa dispone en la actualidad de numerosas bazas para continuar siendo la única alternativa auténticamente creíble a los Estados Unidos en el sector espacial, que se ha vuelto muy competitivo. Lo conseguirá con una acción pública voluntarista que aproveche las competencias de todos los Estados europeos para aportar soluciones innovadoras y competitivas a las nuevas necesidades de la sociedad. Por su parte, Francia, primera potencia espacial europea, desea constituirse en el eslabón más reactivo, en Europa, para la aplicación de esta estrategia.

Más información: www.cnes.fr

Alain Bensoussan es presidente del Centro Nacional de Estudios Espaciales (CNES) y del Consejo de la Agencia Espacial Europea.

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva del autor.

publié le 10/03/2005

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