Francia no sería Francia sin sus quesos

Francia no sería Francia sin sus quesos

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El presidente Charles de Gaulle apodó Francia “el país de los 300 quesos” para ilustrar la diversidad de la gastronomía francesa. En realidad existen más de 1.000 tipos, suficiente para degustar un sabor cada día del año.

Puede ser un queso persillé o con un sabroso gusto a avellana, fundido o frío, como plato principal, en la tradicional bandeja para tomar antes del postre o sobre una rebanada de pan… En Francia, el queso se degusta de múltiples formas. Y con razón, porque este país es uno de los mayores productores. En 2010, la Unesco llegó a incluir la gastronomía francesa en su lista de patrimonio inmaterial, que entre otros productos privilegia el queso galo.

La diversidad de sus quesos es una marca francesa: comté, beaufort, fourme d’Ambert, sin olvidar el emmental ni el gruyère, entre los más conocidos. Este último fue actualidad a principios de 2013 tras obtener la denominación Indicación Geográfica Protegida (IGP) en el Boletín oficial de la Unión Europea el 11 de febrero. A diferencia de su homólogo suizo, el gruyère francés debe obligatoriamente estar agujereado para ser reconocido como tal.

La Indicación Geográfica Protegida abarca la producción de los departamentos de Doubs, Jura, Haute-Saône, Saboya, Alta Saboya y Territorio de Belfort. En 2012 se produjeron más de 42.000 moldes de queso gruyère.

En total, 45 quesos tienen la Denominación de Origen Controlada (DOC) y 30 la Denominación de Origen Protegida (DOP). El roquefort fue en 1925 el primer queso que obtuvo una denominación de origen. Este queso incluso tiene un reconocimiento europeo, una garantía para preservar el patrimonio cultural y gastronómico.

Al resto del mundo también le gustan

Los franceses consumen una media de 24 kilos de queso por habitante y año, o sea que figuran entre los principales consumidores mundiales. Pero el queso galo también tiene éxito en la exportación. En 2011 se exportaron 669.155 toneladas de queso frente a las 600.455 de 2007, según cifras de Eurostat. Fuera de Europa, Estados Unidos, Corea del Sur y Japón son amantes de los quesos frescos y blancos (238.665 toneladas), por delante de los quesos blandos (174.159 toneladas, de las cualas 20.379 fueron de camembert y 67.749 de brie) y los fundidos (64.424 toneladas).

Para aprovechar esta oportunidad, el Centro Nacional Interprofesional de la Economía Láctea (CNIEL, en sus siglas en francés) desarrolla múltiples campañas de comunicación en Rusia, China o Brasil. “Nuestro público objetivo sigue siendo en gran parte los expatriados franceses en estos países, que echan en falta el queso, pero también las personas de clase media-alta sensibles a la cultura francesa”, comentan en el CNIEL.

En concreto, el comté triunfa fuera de las fronteras galas. El Comité Interprofesional del Comté destina un millón de euros de los siete de presupuesto a apoyar las ventas en el extranjero del primer queso francés en términos de producción. Así, se exportan entre 3.500 y 4.000 toneladas a Alemania, Bélgica y Gran Bretaña.

Las campañas se arman, por ejemplo, en torno a degustaciones en cafés de quesos en Japón, una comunicación que permite realizar buenas ventas en estos países. En Japón se han ido creando pequeñas queserías en los centros comerciales, a menudo gestionadas por queseros formados en Francia con una amplia red de proveedores.

Grandes grupos y pequeños queseros

La industria quesera en Francia es inmensa. El sector está formado por 30.000 productores de leche, 1.400 de queso, 227 transformadores privados y 154 afinadores exclusivos, según datos del CNIEL.

El sector está presente en al menos el 80% del país a través de 70.000 granjas lecheras y emplea a 150.000 personas a tiempo completo, dentro de grandes grupos conocidos mundialmente como Lactalis, número dos mundial o el segundo grupo quesero galo Brongrain, famoso por sus marcas Elle et Vire y Caprice des Dieux, así como dentro de 1.300 pequeños grupos en el país.
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publié le 26/08/2014

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