"España, Francia e Italia levantan su voz por el vino"

Los embajadores de España, Francia e Italia se pronunciaron en conjunto para pedirle al Gobierno y al Senado que el vino tenga un trato impositivo diferenciado de los destilados, tal como ocurre en la mayor parte de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), un foro que este martes examina la candidatura de Colombia para ser admitida como país socio con plenos derechos.

Los tres diplomáticos expresaron su sorpresa por el hecho de que en el proyecto de ley de impuestos a las bebidas alcohólicas presentado por el Gobierno a la plenaria del Senado, los vinos y los destilados se graven con el mismo esquema. Algo que a juicio de Ramón Gandarias, embajador de España, “no es correcto”, porque “son dos bebidas muy distintas, con efectos en la salud muy distintos, y por eso en la mayor parte del mundo se les grava con esquemas distintos”.

Jean-Marc Laforêt, embajador de Francia, agregó que así es en “la gran mayoría de los Estados miembros de la U. Europea”. Y citó el siguiente ejemplo: “En Francia hay un impuesto especial sobre los alcoholes y el tabaco, que al igual que en Colombia es una fuente de ingresos importante para la seguridad social y la salud. Y en este marco, por cada 100 litros de vino se cobran cerca de 4 euros de impuestos; pero si se trata de un destilado, esos mismos 100 litros pueden pagar hasta 1.700 euros. Lo cual no impide que ambas bebidas paguen el mismo IVA”.

Caterina Bertolini, embajadora de Italia, subrayó que en Europa el vino “no es visto como una amenaza a la salud, sino todo lo contrario: como un alimento, como algo natural en la mesa y que, además, como lo demuestran numerosos estudios científicos, tiene propiedades benéficas para la salud cuando es consumido con moderación. El vino es cultura, enriquece la gastronomía y la vida de la gente. Así que no entendemos por qué en Colombia se quiere tratar al vino como si fuera un destilado”.

“Estamos muy conscientes de que algunos ajustes en la ley de alcoholes eran necesarios y que algunos de ellos se adoptan para facilitar el acceso de Colombia a la OCDE”, indicó Laforêt.

Pero el diplomático francés recordó que la problemática está en inequidades impositivas que hoy afectan a los destilados importados cuando entran a competir frente a los destilados nacionales, y que en esta pelea el vino no tiene nada que ver.

“Los senadores –añadió– pueden ver cómo es la situación en la mayor parte del mundo, donde el tratamiento impositivo para destilados y vinos es diferenciado, y corregir este error”.

Gandarias subrayó que “en la mayoría de los países de la OCDE, a la que Colombia aspira a ingresar, se hace esta distinción entre vinos y destilados. Y que si se adopta finalmente una decisión en contravía a esta realidad, no será una señal positiva”.

Importadores y conocedores del sector indican que si el marco impositivo es aprobado tal y como está planteado hoy, el vino podría subir de precio hasta en un 35 por ciento. Frente a este panorama, la embajadora de Italia opinó: “Uno puede entender que haya un aumento en los impuestos, pero un salto de tamaña envergadura va a golpear no solo al consumo y a los cientos de productores italianos y de otros países que han puesto sus ojos en Colombia como un mercado interesante, sino también a las producciones locales, que existen”.

A lo que el embajador de España sumó: “Bogotá ha logrado convertirse en un sitio importante en términos gastronómicos, lo que genera empleos y es muy importante para la industria del turismo. Pero no se puede ser un destino de alta gastronomía sin vino. Así que una decisión equivocada en este tema sería algo realmente delicado”.
El embajador de Francia ve básicamente dos riesgos con la forma en la cual está redactado el proyecto de ley hoy.

“El primero es que los vinos de mediana y alta calidad van a quedar fuera del alcance de la gran mayoría de los colombianos, lo cual significa que la oferta se va a concentrar en los vinos de gama baja. Y eso no solo va a golpear la oferta de vinos, sino a la industria de la gastronomía colombiana, que ya no podrá acompañar sus platos con vinos acordes a su alta calidad, porque los números no lo van a permitir, y eso afectará su buena reputación. Y en segundo lugar, si los impuestos son demasiado altos se va a estimular el contrabando. Eso es claro”.

Para Laforêt, cuando se le hacen las cuentas al vino, a menudo se olvida una serie de factores que lo encarecen notablemente, como el hecho de que “un importador de vinos tenga que tener un depósito en cada departamento con unas estampillas específicas para ese departamento (...). Esa operación, esa logística, sube mucho el costo de cada botella de vino. Y si a eso le sumamos un incremento del 35 por ciento por carga impositiva, llegaremos a un nivel en el cual ya para muchas personas no valdrá la pena vender sus vinos en Colombia”.

“Que las cosas cambien de la noche a la mañana de una forma tan abrupta no es una buena señal no solo para el mundo del vino, sino para el comercio en general”, anota Gandarias. “Estas cosas te dejan con todas tus proyecciones financieras y comerciales hechas trizas y minan la confianza”, dijo.

“Pero creo en la sensatez y la responsabilidad de los senadores de Colombia, y creo que analizarán qué es lo mejor no solo para el vino, sino para todo el sector gastronómico y turístico de Colombia, e incluso, la imagen de Colombia”, remató el embajador de España.

http://www.eltiempo.com/economia/sectores/vino-en-colombia-impuesto-al-producto/16706094

publié le 20/09/2016

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