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- Entrevista del Presidente de la República, François Hollande, con Slate.fr




ENTREVISTA DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, FRANÇOIS HOLLANDE, CON "SLATE.FR"

(Paris, 7 de mayo de 2012
)







Slate: ¿Cuál es su balance de la petición de un pacto de crecimiento europeo, que defendió usted a lo largo de su campaña?

François Hollande: La campaña presidencial francesa tuvo el mérito de hacer que resurgiera la exigencia de crecimiento. La palabra figura en el tratado presupuestario, pero sin contenido ni aplicación concreta. Ahora bien, a falta de actividad económica suplementaria, será difícil, e incluso imposible reducir los déficit y controlar la deuda. Personalidades eminentes se pronunciaron a favor de este pacto de crecimiento, como por ejemplo el Presidente del BCE (Banco Central Europeo) Mario Draghi y también varios jefes de Gobierno. En España, Portugal, Países Bajos, Italia, todos reconocen que la austeridad por sí sola no podrá permitir que se regrese de nuevo al equilibrio de las cuentas públicas. Considero que por esta única razón, la campaña presidencial francesa habrá tenido un gran valor; por esta razón, su desarrollo y su resultado atrajeron la atención más allá de nuestras fronteras.


Sus soluciones para reactivar el crecimiento parecen, sin embargo, diferentes a las preconizadas por Mario Draghi o Angela Merkel…

Se deben llevar a cabo reformas estructurales para mejorar la competitividad, reformar la fiscalidad, y fortalecer nuestra industria. Es el sentido del pacto productivo que propuse.

La economía de la oferta no se puede separar de un estímulo más directo de la demanda. Y no con las fórmulas keynesianas de antes: los medios no pueden ser gastos públicos suplementarios, puesto que queremos controlarlos; ni desgravaciones fiscales, que nos están prohibidas. Pero la aplicación de instrumentos a escala europea pasa por el aumento del capital del Banco Europeo de Inversiones, la movilización de los fondos estructurales, el impuesto sobre las transacciones financieras que permitiría financiar trabajos de infraestructuras. Europa podría finalmente recurrir al empréstito: este es el verdadero reto de las «euro-obligaciones« o de los «bonos para financiar proyectos».


P - La canciller alemana se opone a esta última solución…

R - Sobre este tema, tendremos debates con nuestros socios, y en particular con nuestros amigos alemanes, pero no pueden colocar dos cerrojos a la vez, uno sobre las «euro-obligaciones» y otro sobre el refinanciamiento directo de las deudas por parte del BCE.


P - Angela Merkel no lo recibió durante la campaña, pero el jefe del SPD Sigmar Gabriel lo respaldó. ¿Le preocupan sus primeros intercambios?

R - No. No hay ninguna secuela relacionada con las elecciones presidenciales franceses. Comprendí perfectamente que Angela Merkel haya apoyado a Nicolas Sarkozy por la acción que llevaron juntos a cabo, aunque la impugné en cuanto a sus resultados, y también por su sensibilidad política común. Y ella misma no puede reprocharme que adopte yo la misma actitud con respecto a los socialdemócratas alemanes: éstos ocupan, además, una posición clave para que se ratifique el tratado presupuestario en el Bundestag, en donde una mayoría calificada es necesaria, y plantean también como condición a esta ratificación, la adición de un pacto de crecimiento.


P - La existencia de una pareja «Merkozy» se criticó en Europa. ¿Cuál es su posición sobre esta pareja franco-alemana?

R - Lo mismo creo en el motor franco-alemán, que impugno la idea de un duopolio. La construcción europea se basa en una relación Francia-Alemania equilibrada y respetuosa. Las parejas Schmidt-Giscard, Kohl-Mitterrand, e incluso Chirac-Schröder probaron que las diferencias políticas no impedían el trabajo común. Pero estos dirigentes velaban por conjugar el planteamiento intergubernamental con el proceso comunitario: era la mejor manera de evitar que nuestros socios se sintieran apartados o, peor todavía, sometidos.

Este equilibrio se modificó estos últimos años. La relación franco-alemana ha sido exclusiva. Se descuidó a las autoridades europeas y algunos países, en particular los más frágiles, tuvieron la desagradable impresión de encontrarse frente a un directorio.


P - Tampoco lo recibió David Cameron, el Primer Ministro, y la prensa británica así como la City no fueron precisamente suaves con respecto a usted. ¿Sobre qué bases piensa usted fortalecer la relación franco-británica?

R - Debemos reconocer que los británicos han sido particularmente tímidos en cuanto a los retos de la regulación financiera, y que han estado atentos únicamente a los intereses de la City. De ahí sus reticencias a la aplicación del impuesto sobre las transacciones financieras y la armonización fiscal en Europa. Que se añaden a una relativa indiferencia con respecto a la suerte de la zona euro, ya que la Gran Bretaña está más protegida de la especulación puesto que el Banco Central puede intervenir directamente para el financiamiento de la deuda. Europa no es una caja registradora y menos aún un self-service.

Me entrevistaré rápidamente con David Cameron para evocar las ventajas de una cooperación más intensa de nuestros dos países en el plano industrial y para proseguir el acercamiento emprendido en materia de defensa.


P - ¿Cómo remediar el desamor por Europa, reactivar el gusto por Europa?

R - Lo digo claramente. Y la elección presidencial acaba de enviar una nueva señal: si no hay un restablecimiento de la confianza entre los pueblos y Europa, nos tocará presenciar un aumento de los populismos que terminará por obstaculizar el proyecto europeo, y un día acabará por hacer que estalle la zona euro. Se necesita un sobresalto para establecer nuevas perspectivas, abrir nuevas obras, proteger a los ciudadanos.

Más que ir a la búsqueda de nuevas proyecciones sobre la Europa política, propongo afrontar un nuevo reto: después de la Europa del acero o del carbón o de la Europa agrícola de principios de los años sesenta, el gran mercado de los años ochenta, ahora es el momento de «la Europa de la energía» con objetivos comunes en materia de ahorro de energía, de importancia creciente de las energías renovables, de seguridad de las instalaciones…


P - ¿Descarta usted entonces la hipótesis de nuevos Tratados?

R - Sí, hoy día, sería difícil hacer que se ratificara cualquier tratado institucional sin el restablecimiento de una relación de confianza entre los pueblos y la Unión. Por el contrario, un tratado sobre el crecimiento, el empleo y la energía podría movilizar las opiniones. Francia y Alemania pueden también mostrar el camino cincuenta años después del Tratado del Elíseo (1963), en particular sobre los aspectos educativos, universitarios y culturales.


P - En la escena mundial, su predecesor dio muestras, en varias ocasiones y en nombre de Europa, de su liderazgo: Georgia, Libia, la crisis financiera… ¿Esta es también su ambición?

R - Francia no es cualquier país de Europa y su Presidente no es cualquier Jefe de Estado del mundo. Por ello debe tomar a veces, no la dirección o el liderazgo, sino la iniciativa. Nicolas Sarkozy pudo demostrarlo durante el quinquenio. A veces resultó afortunado. Pienso en la acción decidida por la ONU en Libia. A veces fue poco afortunado. Pienso en la Unión por el Mediterráneo cuya falta de preparación condujo al fracaso. Sí, tengo la intención de dar a Francia todo el lugar que le corresponde en la afirmación de una ambición internacional. En la crisis financiera, lo que faltó, fue constancia y perseverancia, en especial en el control de las finanzas, la lucha contra los paraísos fiscales, el impuesto sobre las transacciones financieras.

De igual forma ante China, Europa fue en formación abierta para reabsorber los desequilibrios comerciales. Fue necesario esperar que Obama planteara las condiciones de la «reciprocidad» para que la palabra misma se pronunciara nuevamente; y recuerdo que la convertibilidad de la moneda china habría debido mencionarse en el G20. Considero que la reforma del sistema monetario internacional debe ser una prioridad en nuestra agenda.


P - Estados Unidos corre el riesgo de ver en primer lugar con desconfianza un cambio de Presidente en Francia, que además es socialista. ¿Cómo piensa usted hacerse conocer y reconocer en este país?

R - Comprendí perfectamente la actitud del Presidente Obama en la campaña presidencial francesa. No tenía ninguna razón de marcar una distancia con Nicolas Sarkozy. Es la solidaridad elemental que se deben Jefes de Estado que han actuado juntos. El mismo Barack Obama se encuentra sometido este año a reelección. Y este escrutinio tendrá una gran importancia en el mundo.

La política exterior de la administración demócrata marcó inflexiones serias y beneficiosas con relación a la anterior. De igual manera, tenemos convergencias en el plano económico. Por ello, velaré por afirmar la independencia de Francia sin complicar la tarea de Barack Obama. Así, sobre la presencia de las tropas francesa en Afganistán, reafirmaré la posición de la retirada a finales de 2012, que fue mi postura durante la campaña, en buena inteligencia con nuestros aliados.


P - No comparte usted su posición sobre la utilización de las reservas estratégicas de petróleo para hacer bajar los precios de la gasolina…

R - Lo respeto. Estoy consciente de lo mucho que pesa en el debate político americano el precio de los combustibles. En Francia, el aumento continuo del precio de la energía tiene relación con votos populistas que pudieron expresarse. Me imagino que en Estados Unidos existe la misma exasperación.


P - ¿Cuál es su posición sobre la crisis relacionada con el programa nuclear iraní?

R - No critiqué la posición firme de Nicolas Sarkozy con relación a los riesgos de proliferación nuclear. Lo confirmaré con la misma fuerza y la misma voluntad. Y no admitiré que Irán, que tiene perfectamente el derecho a acceder al desarrollo nuclear civil, pueda utilizar esta tecnología con fines militares.


P - Sobre este tema, la administración Obama parece más flexible, más propensa a la negociación, que el Gobierno francés…

R - Los iraníes deben aportar toda la información que se les solicite y terminar con los falsos pretextos. Las sanciones deben fortalecerse tanto como sea necesario. Pero creo que la negociación es todavía posible para alcanzar el objetivo que se persigue.


P - ¿Durante la campaña, daba a veces la impresión de no ser muy claro en cuanto a la presencia francesa en la OTAN?

R - Lamenté esta decisión, en las condiciones que se tomó en 2008. No se lograron los objetivos que se habían planteado y, en particular, el fortalecimiento del pilar europeo de defensa.

No tengo la intención, sin embargo, de regresar a la situación anterior. Pediré una evaluación sobre el lugar de Francia al respecto y las responsabilidades que se nos confiaron en el comando militar.


P - Sobre África y Medio Oriente, ¿comparte usted la posición de Alain Juppé de una extrema firmeza ante islamistas con los cuales se puede hablar, a condición de que no se crucen ciertas líneas rojas: respeto de los derechos fundamentales, respeto de la decisión libre de los electores, aceptación de la alternancia en el poder?

R - Francia no debe cambiar de principios en función de las circunstancias o de las situaciones. Los que valían en el momento de las primaveras árabes, cuando los regímenes impedían el advenimiento de la democracia, deben abordarse con los poderes salidos de las urnas en estos mismos países, en particular Túnez y Egipto. El buen funcionamiento de la democracia, la igualdad hombre-mujer o el lugar respectivo de la sociedad y el Estado deben recordarse tanto como sea necesario.

El reto consiste en saber si partidos que reivindican su pertenencia al Islam pueden entrar en un proceso democrático de largo plazo. Por ello el éxito de esta transición es muy importante. Los tunecinos lo demostraron, aunque podemos ver claramente que existen amenazas.


P - ¿Cuál es su análisis de la situación en la zona del Sahel?

R - Estoy muy preocupado por lo que está pasando ahí. Aprobé la intervención en Libia, pero lamenté que no haya habido un apoyo, y hoy una parte de los restos del ejército libio así como de las fuerzas que lo apoyaron se encuentra en esta zona, y desestabiliza tanto Níger como Malí. No es la única causa de los desórdenes. Ahí incluso, Europa debe comprender que sería mejor para ella apoyar con mayor fuerza el desarrollo de los países en cuestión.

Tenemos también el problema específico de Areva, que para Níger representa una fuente de repercusiones muy significativas: se ve claramente el interés de las fuerzas de Aqmi o relacionadas con estas redes para impedir el desarrollo de Níger.


P - La llegada al poder de islamistas en numerosos países, situados del otro lado del Mediterráneo ¿es capaz de intensificar más los miedos y los fantasmas en Francia que estuvieron muy presentes durante la campaña presidencial francesa?

R - Deploré que haya habido confusiones y amalgamas. Los extranjeros pueden ser de origen africano, magrebino, sin ser musulmanes. Y ser musulmanes sin ser comunitaristas. Quiero hacer que en Francia se respeten valores que permitan a cada individuo practicar el culto de su elección pero en el marco de reglas comunes de la laicidad./.

publié le 15.05.2012

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