Discurso del Presidente de la República Francesa

Discurso de Señor François Hollande ,presidente de la República Francesa en el marco de la firma del acuerdo de París (New York, 22 de abril)

JPEG

Señor secretario general de Naciones Unidas,

Estimado Ban Ki-moon,

Sabemos lo que le debemos. Su impulso y su iniciativa han sido los que han hecho posible todo este proceso que nos ha traído hoy a Nueva York para firmar el Acuerdo de París.
Querría saludarles, señoras, señores jefes de Estado y de Gobierno, por su presencia, tan importante. Permite dar la señal que va a poner en marcha el Acuerdo de París.
Saludo a los representantes de todos los Estados, a la presidenta de la COP, Ségolène Royal, así como a la representante del Reino de Marruecos, puesto que la próxima reunión de la conferencia se celebrará en Marrakech.
Si estamos hoy en Nueva York en tan gran número, tan decididos, es porque en París se llegó a un acuerdo. Fue el pasado 12 de diciembre. Nada estaba decidido. Nada estaba hecho. Hasta el último minuto, por no decir que el último segundo, hubo que derrotar al escepticismo, a los interrogantes, las dudas, superar los intereses nacionales, por otra parte legítimos; ser capaces, todos juntos, de defender una ambición para la humanidad, para las futuras generaciones.

Ser capaces de comprometernos en un acuerdo que pueda ser ambicioso, universal, vinculante, y que pueda llevarnos a todos a un compromiso durante los próximos años para reducir el aumento de las temperaturas.
El 12 de diciembre de 2015 fue una jornada histórica para la comunidad internacional. Puede estar orgullosa, porque cuando Laurent Fabius, entonces presidente de la COP, marcó el consenso con un martillazo – lo que quedará en la memoria – todos vivimos un momento emotivo como hay pocos en la vida de un responsable político.
El contexto en París era dramático, trágico, tras los atentados terroristas que golpearon la capital francesa, pero, precisamente, en un impulso solidario y también responsable, el mundo supo conseguir que de París saliera un acuerdo, y convertirlo en un acto simbólico para el resto del mundo.

Durante los meses previos al acuerdo de París, los Gobiernos, las empresas, las entidades locales, los propios ciudadanos, la sociedad civil, contrajeron importantes compromisos.
Esto es lo que se hizo en París el 12 de diciembre. Este éxito, esta esperanza que se abrió, nos obligan hoy a todos. Debemos ir más allá de las promesas que se han hecho, de los compromisos que se han contraído, y conseguir que nuestras declaraciones se conviertan en actos. Porque desde el 12 de diciembre, la situación de urgencia sigue ahí, y los meses que acaban de pasar han sido los más cálidos de los últimos 100 años. En las islas Fiyi se han vuelto a producir catástrofes con un ciclón devastador; la hambruna se ha propagado en África; el lago Chad, en África, no deja de reducirse y amenaza con desaparecer; hay islas tomadas por el mar. ¿Debo seguir diciendo lo que ha justificado el logro de París y nos obliga a ir todavía más allá?

También doy la voz de alarma sobre la destrucción de ecosistemas. Cada año, 20 millones de hectáreas de bosques quedan reducidas a cenizas en el Sudeste Asiático, en Latinoamérica, en África. He aquí por qué estamos reunidos aquí hoy.
Y lo estamos con una presencia en sí misma excepcional, histórica, como decía el Secretario General de Naciones Unidas; nunca antes en la historia de las Naciones Unidas había sido posible reunir a 170 Estados para firmar un acuerdo en un día. Es más que un compromiso, será un texto inscrito de manera irreversible en el derecho internacional. Es un gran avance.

También lanzamos algunas iniciativas en París el 12 de diciembre; han tomado cuerpo estas últimas semanas. 70 coaliciones, 10 000 agentes implicados en la agenda de las soluciones, la alianza solar internacional, el plan de desarrollo de energías renovables en África, la misión innovación en favor de las tecnologías verdes, la coalición de alto nivel para poner un precio al carbono. Éste debe ser hoy nuestro compromiso principal, poner un precio al carbono para reorientar las inversiones y modificar las decisiones de las empresas, y de los consumidores.
Aquí, en esta tribuna, me comprometo, en nombre de Francia, a que se fije un precio del carbono lo más rápidamente posible, primero en Francia, en Europa, y después en el mundo entero. Es un requisito para que podamos conseguir que nazca una nueva economía.

¿Cuál es el siguiente paso después de lo que vamos a hacer hoy? La ratificación, con el objetivo de conseguir 55 Estados que representen el 55 % de las emisiones. Los 55 Estados están ahí, el 55 % de las emisiones se deben poder contabilizar. Así que lanzo un llamamiento para que cada país pueda ratificar el acuerdo de París lo más rápidamente posible.
Pediré al Parlamento francés que autorice la ratificación del Acuerdo de París de aquí al verano y deseo que la Unión Europea dé ejemplo de aquí a finales de año para que el Acuerdo pueda entrar en vigor lo más rápidamente posible.
Señoras, señor, hay que ir más aprisa, más aprisa porque el tiempo apremia; tenemos que poder adoptar estrategias bajas en carbono; tenemos que poder movilizar la financiación que ha sido la clave del acuerdo de París, 100 mil millones de dólares de aquí a 2020; y si podemos, más aún; que cada uno pueda dar ejemplo, en especial los países desarrollados, y es lo que hará Francia incrementando su financiación anual para el clima de 3 a 5 mil millones de euros de aquí a 2020. De la misma manera, incrementaremos nuestra participación en la lucha contra la desertificación para financiar las adaptaciones; y mediante donaciones, no simplemente préstamos.

Acabo, señoras y señores. No sólo son los Estados los que deben actuar, el mundo entero debe ser consciente de lo que se ha hecho en París, de lo que continúa en Nueva York, de lo que se va a ratificar en sus Parlamentos. Todos debemos sentirnos parte de ello. Así que tengamos en mente la frase de David Thoreau, que nos recordaba que al hombre no le cabe el hacerlo todo, sino algo.
Confío en ustedes en nombre de los países que representan para suscitar la movilización, para conservar la esperanza en el futuro, para permitir que las nuevas generaciones estén orgullosas de ustedes y sean capaces de vivir en un mundo en el que no haya preocupación por lo que puede hacer la humanidad.
La humanidad siempre puede hacer lo mejor, aunque sea capaz de lo peor; hoy hemos conseguido que lo mejor sea posible; sigamos alejando todo aquello que lo peor es capaz de destruir, es decir, nuestro bien más preciado, el que hemos heredado, el que debemos mantener, el que debemos llevar más allá de nuestra propia vida y que se llama Humanidad.
Gracias.

publié le 28/04/2016

haut de la page