Día de América Latina y el Caribe, discurso de la Ministra Delegada encargada de los Franceses en el Extranjero,

Día de América Latina y el Caribe

JPEG

Alocución de la Ministra Delegada encargada de los Franceses en el Extranjero,
Sra. Hélène Conway-Mouret
París, el 30 de mayo de 2013

Sr. Presidente del Senado,

Señores Ministros,

Sr. Presidente de la Casa de América Latina,

Señoras y señores Embajadores,

Señoras y señores Senadores,

Sr. Diputado,

Señoras y señores miembros del Cuerpo Diplomático,

Queridos amigos de América Latina y el Caribe,

Damas y caballeros:

Para mí es a la vez un honor y un placer dirigirme a ustedes con motivo de la tercera edición del “Día de América Latina y el Caribe en Francia”. Un honor, en primer lugar, porque quienes hacen la relación entre Francia y este continente han sido numerosos esta noche en responder al llamado de nuestro anfitrión, el Embajador Alain Rouquié; un placer, en segundo lugar, porque, en presencia del Presidente Bel, la ex Senadora que soy no puede más que congratularse de que estemos reunidos así gracias a una iniciativa de la Alta Asamblea: se instituyó el Día de América Latina y el Caribe en Francia luego de una resolución aprobada por el Senado en 2011.

Unos meses después de la conmemoración del bicentenario de la independencia de la mayoría de los países latinoamericanos, la Cámara Alta deseaba así manifestar el profundo interés de la República por esta región del mundo.

Esta iniciativa resultó en cualquier caso muy afortunada porque ya entramos en la “década” de América Latina, para retomar la acertada expresión de Luis Alberto Moreno, Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo. Una nueva América Latina se ha estado desarrollando rápidamente estos últimos años: con su compromiso en pro de la democracia y la paz, pero también con su juventud y su creatividad, este continente se afirma como un polo principal del siglo XX. Estos treinta y tres países – ya sin los rigores excesivos de las políticas de ajuste estructural, de nuevo atentos a las aspiraciones de los pueblos a la justicia y al progreso social - registran desde hace algunos años un crecimiento y un desarrollo espectaculares, bajo el impulso de una nueva generación de dirigentes políticos. Por supuesto, lo sabemos todos, aún quedan muchos avances por lograr, pero se ha impuesto la idea de que un crecimiento duradero es un crecimiento compartido.

Estas últimas semanas no han hecho más que confirmar la influencia cada vez mayor de esta región: el sucesor del apóstol Pedro es argentino, y el de Pascal Lamy será brasileño….

***

Francia comprendió bien esta evolución: América Latina está de nuevo (¡por fin! me atrevería decirlo) en la parte medular de sus preocupaciones.

Desde hace un año hemos tomado la iniciativa. Fue así que viajé en dos ocasiones a la región desde principios de año: a Venezuela con motivo de las ceremonias de investidura del Presidente Maduro y, la semana pasada, en una gira regional por Centroamérica: en Guatemala, El Salvador y Costa Rica, en donde me reuní con sus jefes de Estado, sus ministros, dirigentes políticos, representantes de la sociedad civil, empresarios, universitarios, intelectuales y, por supuesto, con los representantes de los Franceses del Continente Americano. Y pude confirmar que existe una expectativa recíproca entre Francia y América Latina.

Esta expectativa, deseamos satisfacerla en el marco de un planteamiento definido por el Ministro Laurent Fabius, a la vez “continental” y “asociativo”.

Continental, en primer lugar porque deseamos de ahora en adelante abarcar la diversidad de América Latina: un conjunto de más de 30 países reunidos hoy día en una misma comunidad. Francia, dentro de América Latina, no jerarquiza sus amistades. Deseamos dialogar con los países que así lo deseen y cooperar con todos aquellos que comparten nuestros valores, independientemente del tamaño de su población o su economía.

Nuestro planteamiento que es continental, también quiere ser asociativo. Ante los retos de la mundialización, Europa y América Latina comparten mucho. Así, mis interlocutores centroamericanos hicieron ampliamente hincapié en nuestra responsabilidad común en materia de protección del medio ambiente: las profundas transformaciones climáticas tienen en efecto consecuencias muy concretas en estos países, en donde por ejemplo contribuyeron al desencadenamiento de una grave epidemia de roya naranja que destruye las plantaciones de café de Guatemala a Costa Rica. Pude reunirme con investigadores franceses, comenzando por los del CIRAD [Centro de Cooperación Internacional en Investigación Agronómica para el Desarrollo], que están comprometidos al lado de los pequeños productores de la región para luchar contra esta plaga y están llevando a cabo un trabajo formidable.

Pero mis interlocutores también insistieron mucho en la problemática del tráfico de drogas - ilustrado con talento por el cineasta mexicano Amat Escalar cuya película Heli acaba de ganar el Premio a la Mejor Dirección en Cannes - que amenaza ya directamente la estabilidad de los países “de tránsito”, después de haber afectado fuertemente la de los países “productores”. Examinaremos pues atentamente el informe que el Secretario General de la OEA entregó la semana pasada al Presidente Santos, el cual propone cuatro situaciones con el fin de aprehender este problema emblemático de la globalización: en efecto, es la misma cocaína la que trastorna profundamente las sociedades latinoamericanas y desestabiliza el África Occidental, en donde los soldados franceses y sus hermanos de armas africanos deben hoy combatir a terroristas financiados por el narcotráfico.

Porque existe entre nosotros una fuerte cercanía política: Europa - y en primera fila Francia – al igual que América Latina deben estar a la vanguardia de este trabajo en común con el fin de proponer los mecanismos de regulación y gobernancia que permitan responder a los peligros y a los retos que se plantean al conjunto de la comunidad internacional.

***

Este nuevo planteamiento, continental y de asociación, deseamos conducirlo en tres ámbitos: en el plano político, en el plano económico y en el plano cultural así como educativo.

En el plano político, en primer lugar: desde mayo de 2012, recibimos en París a la Sra. Dilma Rousseff - en visita de Estado, al Sr. Enrique Peña Nieto, al Sr. Ollanta Humala, al Sr. Evo Morales, y hoy al Sr. Ricardo Martinelli, a quien nos complace tener hoy entre nosotros.

Por nuestra parte, el Presidente Hollande y el Primer Ministro Ayrault viajaron a América Latina. El Presidente Bel asistió a la investidura del Presidente Peña Nieto en México, antes de viajar más recientemente a Cuba. Mis colegas encargados de defensa, justicia, comercio exterior, ultramar, francofonía, asuntos sociales, desarrollo y economía solidaria también cruzaron el Atlántico: hemos efectuado en total 38 viajes a América Latina en un solo año - contando la participación de mi colega Benoît Hamon en la ceremonia de investidura del Presidente Correa, en Quito, el pasado viernes. El Sr. Fabius, que ya visitó Perú, Panamá y Colombia, viajará en las próximas semanas a Brasil y México. El Presidente de la República, finalmente, responderá en los próximos meses a invitaciones que le han sido extendidas por sus homólogos brasileño, mexicano y peruano.

Estos intercambios ya están dando sus frutos: tengo así el placer de anunciarles que Francia se convirtió, la semana pasada, en miembro observador de la Alianza del Pacífico - un foro internacional cuya tercera parte del PIB proviene de América Latina. Gracias a Chile, Colombia, México y Perú – a quienes se les unió Costa Rica en la Cumbre de Cali – por haber aceptado nuestra candidatura en este foro particularmente prometedor, cuyo objetivo consiste en promover intercambios entre el continente latinoamericano, Asia y Oceanía.

La Alianza del Pacífico viene así a añadirse a la lista de las organizaciones regionales del Continente Americano en las que participa Francia: la OEA [Organización de Estados Americanos], la CEPALC [Comisión Económica para América Latina y el Caribe], la AEC [Asociación de Estados del Caribe] o el SICA [Sistema de la Integración Centroamericana] (me entrevisté con su Secretario General en San Salvador la semana pasada), por ejemplo, por no citar más que unos cuantos de estos acrónimos detrás de los cuales se esconden instituciones activas. Ahí trabajamos con ustedes en proyectos en materia de defensa de Derechos Humanos, de acción en contra de las enfermedades infecciosas, de reducción de desigualdades, de prevención de riesgos naturales o de promoción del turismo sustentable. Las entidades locales francesas del Continente Americano, interesadas por los resultados concretos de estos trabajos, participan ya en los trabajos de la CEPALC, y son candidatas a varias de estas organizaciones. Sus gestiones reciben un apoyo pleno y completo del Gobierno francés.

Una última palabra, si me lo permiten, sobre la actualidad política: luego de Laurent Fabius, deseo manifestarles una vez más el apoyo de Francia a las negociaciones emprendidas por el Gobierno colombiano con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Como lo decía Mario Vargas Llosa: “la política es un paso obligado para cambiar una sociedad”. Recibimos con esperanza el anuncio, hace algunos días, de un acuerdo entre las partes sobre las cuestiones agrarias y agrícolas: ahí estaba en efecto el nudo de este conflicto que sólo ha durado demasiado, que sólo ha costado demasiadas vidas humanas. Este avance nos parece así portador de una verdadera esperanza.

*

Tenemos también mucho que hacer en el plano económico.

Europa es el primer socio de América Latina en materia de inversiones. Casi todas nuestras grandes empresas están presentes en este continente, a menudo desde principios del Siglo XX. Los latinoamericanos compran todos los días productos alimentarios, medicamentos, cosméticos que ellas producen, en almacenes que pertenecen a veces a empresas francesas de la gran distribución.

Nuestras empresas tienen también la costumbre de asumir su responsabilidad social y de participar en la diversificación necesaria de las economías de nuestros socios, a través de transferencias de tecnología y conocimientos técnicos que proponemos y asumimos.

Francia está también a su lado para promover un crecimiento verde y solidario, a través, en particular, de la Agencia Francesa de Desarrollo. La AFD financia proyectos públicos y a empresas privadas que responden a este objetivo de desarrollo sustentable, con frecuencia en el marco de participaciones que asocian también a sus bancos de desarrollo nacionales y regionales. La agencia extiende poco a poco su campo de intervención, que incluye de ahora en adelante a Perú.

Estos dos elementos son por otra parte complementarios: nuestras empresas son en efecto particularmente excelentes en sectores que participan de la protección del medio ambiente, como los transportes urbanos. Así trabajan directamente, en estos momentos, en la construcción del metro de Panamá, después de haber construido el de Santo Domingo; acaban de ganar una importante licitación para la construcción del tranvía de Río de Janeiro o la construcción de una planta de regasificación en Uruguay.

Y, sin embargo, fuera de estos grandes contratos, nuestros intercambios comerciales siguen siendo demasiado limitados: nuestra parte en el comercio común y corriente no está a la altura de nuestra relación política y económica. Es una debilidad que nos estamos esforzando ya en reducir. La entrada en vigor, pronto así lo espero, del Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y Centroamérica es un paso en la dirección correcta.

*

El último eje de esta estrategia de acción deseada por Laurent Fabius, es la promoción de los intercambios humanos y de competencias entre América Latina y Francia.

Cada vez más franceses se instalan en América Latina: el tamaño de la comunidad francesa en este continente aumentó en más de 15% durante estos últimos años. Me entrevisté con ellos, así como con sus representantes, durante mis últimos viajes in situ.

Mucho de estos franceses del Continente Americano trabajan para empresas francesas; también son numerosos en venir a estudiar, luego a enseñar en sus universidades: el diputado que los representa hoy en la Asamblea Nacional, mi amigo Sergio Coronado, tuvo por cierto, él mismo, esta trayectoria. Aprovecho para agradecerle su presencia con nosotros esta noche.

Pero en sentido inverso, como ustedes saben, Francia es el tercer país que más recibe estudiantes latinoamericanos fuera de esta región.

En nombre de esta experiencia, de esta excelencia, Francia fue hace poco seleccionada por Brasil y Perú para formar a varios miles de sus futuros médicos, ingenieros y profesores. Esperamos que la libertad que se dará pronto a nuestras universidades de impartir algunas materias en lengua extranjera - digo bien en lengua extranjera, ¡y no solamente en inglés! - permitirá aumentar todavía más el poder de atracción de nuestro sistema de enseñanza superior, fortalecer las numerosas asociaciones pedagógicas y científicas que existen ya entre Francia y América Latina, y por lo tanto incitar aún más a estudiantes latinoamericanos a asistir a planteles franceses de enseñanza superior, lo que los llevará naturalmente a dominar también nuestra lengua.

La adaptación a esta nueva realidad de la formidable red de cooperación que han dejado nuestros dos siglos de intercambios humanos y culturales constituye para nosotros un reto esencial: 275 alianzas francesas y 37 liceos franceses que reciben mayoritariamente a ciudadanos de los países en donde se han implantado, sin olvidar numerosos institutos de investigación. Esta red es también uno de los puntos de apoyo de nuestras cooperaciones científicas y universitarias. Nuestros laboratorios de investigación conjuntos merecen también que se les aliente y promueva: sirven de referencia mundial en sus campos de competencias respectivos. Nosotros participamos de esta manera, juntos, en el desarrollo de esta sociedad del conocimiento en la cual estará basada la parte esencial del desarrollo mundial en las décadas por venir.

***

Sr. Presidente,

Damas y caballeros,

Queridos amigos:

Vine a decirles, en resumen, que Francia concede de nuevo una importancia muy particular a su relación con América Latina: tenemos la firme voluntad de ser para ustedes y con ustedes un socio de primer plano, en la fidelidad a los principios y a las afinidades culturales en los cuales se basa nuestra amistad común. Esta amistad no puede más que volver a florecer, puesto que “la primavera es inexorable”, como lo escribía Pablo Neruda [1]: una muy hermosa predicción a finales del mes de mayo.

¡Viva América Latina! ¡Viva Francia! ¡Viva la amistad entre Francia y América Latina!

[1] “Confieso que he vivido”, en la apertura del capítulo sobre la victoria electoral de la Unidad Popular.

publié le 13/08/2014

haut de la page